COMO ES EL PARQUE DE LOS CERROS
La diversidad de fauna y flora, la geomorfología, usos históricos y el valor cultural e histórico de Los Cerros son motivos suficientes para merecer una valía y un cuidado especial y para conocerlo más a fondo.
- LA GEOMORFOLOGÍA Y EL PAISAJE DE “LOS CERROS”.
Se trata de un paisaje geomorfológicamente muy interesante. Durante el terciario toda la zona estuvo cubierta por el mar, el antiguo mar de Tethys, que es el origen del Mediterráneo actual por lo que se formó una gran superficie de sedimentación marina en la que fueron acumulándose sedimentos diferentes como margas, calizas, arcillas, yesos, algunas de ellas ricas en sales como corresponden a depósitos marinos.
En los dos últimos millones de años, lluvias torrenciales excavaron las calizas y dejaron convertida la antigua llanura en los actuales cerros, cuyas cumbres son planas recordando la antigua llanura. Estos períodos húmedos transformaron el paisaje en una red de barrancos abruptos, con escarpes fuertes y pendientes acusadas.
La activa dinámica geomorfológica da lugar a una rica variedad de formas de relieve que resultan determinantes en la personalidad del paisaje de la zona.
El Barranco de la Zarza que de Este a Oeste surca el Monte, constituye la columna vertebral del Parque a la que confluyen las barrancas a derecha e izquierda como si de costillas se trataran.
Por ello el “Parque de los Cerros” puede considerarse un “libro abierto” de geomorfología.
- LOS VALORES HISTÓRICOS E IDENTITARIOS DE “LOS CERROS”
Son varias y diversas las referencias históricas, culturales y leyendas que tienen a “Los Cerros” y río Henares como protagonistas. El paisaje del frente del páramo, “Los Cerros”, debe considerarse como uno de los elementos que contribuyen a conformar las señas de identidad de la ciudad de Alcalá de Henares y de sus habitantes.
Ya en el año 1889 Miguel de Unamuno describía el paisaje de Alcalá e incluía una referencia a parte de lo que es hoy el Parque de los Cerros: 'Rodean a su campo como ancho anfiteatro los barrancos de la sierra, en que se alzan pelados el cerro del Viso, el del Malvecino, la meseta del Ecce Homo. Lame los pies de los cerros, separando la Campiña de la Alcarria, el Henares de frondosas riberas festoneadas de álamos negros y álamos blancos'. También destacar las referencias de un alcalaíno como D. Manuel Azaña, que nos muestra su sensibilidad hacia este paisaje describiéndolo así: “El poniente repinta el carmín de los visos; los cerros se hacen ascua. Veladuras de rosa ennoblecen la compostura viril de los barrancos”.
A lo largo de los años, algunos de los nombres de estos parajes han permanecido y, en la mayoría de los casos, poseen una larga historia, incluso asociada a leyendas, formando una riqueza cultural que se une a la gran riqueza natural del entorno. He aquí un breve recorrido por estos nombres y sus orígenes.
Río Henares. Pavón Maldonado recoge el trabajo de Menéndez Pidal, según el cual los musulmanes tradujeron un nombre preibérico, amaca, por río de las piedras (wadi alhyara o guadajalara). De esta manera, el cristiano 'Henares' fue antes el musulmán 'Guadalajara'.
Monte Zulema o Cerro del Viso. Aunque no se encuentra en el parque, el cerro del Viso, cuyo nombre significa meseta o paramera, está repartido entre los términos municipales de Alcalá de Henares, Los Hueros y Torres de la Alameda, siendo conocido en su momento como monte de Suleimán o de Zulema. Un refrán asociado a este monte dice: 'Cuando El Viso fuma tabaco, el mozo de mulas recoge el hato', refiriéndose a la amenaza de lluvia cuando las nubes se concentran en este lugar. Es sobre el cerro del Viso el lugar en el que la tradición sitúa la mítica ciudad de Iplacea, nombrada por multitud de historiadores. Aquí se descubrieron, en 1917, los primeros ejemplares de una nueva especie de tortugas gigantes, la Testudo bolivari , hoy conocida como Cheirogaster bolivari, cuyos caparazones pueden alcanzar 1'80 m. de longitud. Los romanos establecieron aquí la primera sede de Complutum, muy probablemente sobre un antiguo poblado celtibérico. El nombre de Zulema deriva de la leyenda de la mesa del rey Salomón, cuyos bordes y pies en número de 365 eran de esmeraldas verdes, que los visigodos trajeron a Complutum desde Toledo y la guardaron en una cueva del monte. Tanto el monte como la cañada, camino o desfiladero recibía el nombre de Zulema. Miguel de Cervantes incluye una referencia a Alcalá de Henares y a la cuesta Zulema en el capítulo XXIX de la primera parte del Quixote:” Y aún haré cuenta que voy caballero sobre el caballo Pegaso, o sobre la cebra o alfana en que cabalgaba aquel famoso moro Muzaraque, que aún hasta ahora yace encantado en la gran cuesta Zulema, que dista poco de la gran Compluto'.
Salto del Cura. Peña cortada ubicada a la izquierda de la cuesta de Zulema donde existió un castro celtibérico.
Qal'at'Abd al-Salam. Tras el abandono de la ciudad del llano, se origina un nuevo asentamiento en la margen izquierda del río Henares, en un cerro de 630 metros de altitud, muy cerca del Ecce‑Homo, asentamiento que será el origen de Qal'at'Abd al Salam (fortaleza de Abd al‑Salam). Esta fortaleza fue construida a mediados del siglo IX y formó parte del sistema defensivo de la Marca Media, que tenía como fin la defensa de Toledo. El nombre actual de la ciudad de Alcalá deriva de Qal'at (fortaleza).
Cerro Malvecino, En 1118 se inicia la que sería la campaña definitiva para conquistar la fortaleza musulmana por las tropas del arzobispo de Toledo Don Bernardo de Sédirac. Fue después de un largo asedio, en el que se ayudaron de un padrastro o castillo de madera que erigieron sobre un cerro contiguo, el cerro Malvecino, desde el que hostigaban a los musulmanes.
Cerro del Ecce-Homo . También conocido como de la Vera Cruz pues, según la leyenda, el 3 de mayo de 1118, fecha que coincide con la del descubrimiento de la Santa Cruz, se apareció en lo alto del cerro una cruz luminosa que animó a los combatientes a realizar el asalto definitivo para la conquista del castillo musulmán. Junto a la ermita de la Vera Cruz, en la cima del cerro, se levantaban otras dos, la del Ecce‑Homo y la del Santo Sepulcro. En medio del cerro se encontraba la ermita de San Jerónimo y la de San Juan Bautista. En la falda del monte, la ermita de Nuestra Señora de la Paz, además de la gruta de San Pedro.
Esgarabita o Esgaravita. Según Pavón Maldonado, este nombre es un topónimo árabe al que Portilla llama prado y lo describe como amenísima huerta.
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