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Siglos Dorados

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Patio-Trilingüe

"¡Oh madre Alcalá! ¿Qué diré de ti que te satisfaga o como por no agraviarte callaré, que no puedo?"

Mateo Alemán, El pícaro Guzmán de Alfarache.

La fundación de la Universidad de Alcalá por el Cardenal Cisneros marca un antes y un después en la historia de España y en la de Alcalá. Cisneros, Arzobispo de Toledo desde 1495 que obtuvo la Bula fundacional del Papa Alejandro VI en 1499, verá el inicio de los estudios universitarios en 1508. El espíritu renacentista del fundador contribuirá al éxito de la academia complutense, que contará desde su fundación con importantes humanistas, como Nebrija o Demetrios Ducas el cretense, entre sus profesores y con un futuro santo entre los alumnos de aquel curso de 1508, Santo Tomás de Villanueva.

Poco antes de morir el Cardenal verá concluida la primera gran obra intelectual de su Universidad, la Biblia Políglota Complutense, que fue finalizada en 1517, y que ha sido considerada como el primer libro científico de la España cristiana. Este espíritu humanista que emanaba directamente de la personalidad del fundador hizo que la Universidad de Alcalá fuera la más moderna y plural de la época en Europa, y atrajo a la ciudad complutense fundaciones de colegios universitarios, tanto seglares como de las principales órdenes religiosas.

Así la Ciudad Universitaria diseñada por Cisneros y trazada por la mano de su arquitecto Pedro Gumiel, que mereció ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, al ser la primera de la historia de la proyectada como tal y modelo de otras muchas en Europa y América en los siglos posteriores, vio como sus calles y plazas se llenaban de miles de estudiantes llegados de todos los rincones de España y Europa. Las principales órdenes religiosas y la nobleza, atraídas por la fama de la academia, competían en su afán por construir los más bellos edificios, que habían de servir para albergar a estos estudiantes.

A lo largo de los casi 150 años que abarca el periodo que se ha denominado Siglo de Oro Español, Alcalá fue el foco que irradió las más modernas corrientes del pensamiento europeo, erasmistas, escotistas o nominalistas, podían exponer sus teorías en Alcalá mientras que en el resto de universidades eran perseguidos por sus ideas. Gracias a esta libertad, Alcalá se convirtió en la Ciudad del Saber y la presencia de las órdenes religiosas amparadas en el profundo y diverso estudio de la Teología que se enseñaba en sus escuelas la convirtieron en el modelo de Ciudad de Dios soñada en su día por San Agustín.

                                            Fachada Colegio Trinitarios Descalzos

Como un torrente las fundaciones se sucedieron a lo largo de los siglos XVI y XVII, unos colegios se creaban para el estudio de diversas disciplinas, como los de Teólogos de la Madre de Dios, San Jerónimo o Trilingüe, Santa Catalina o de los Físicos, San Eugenio o de los Gramáticos, Santa Balbina o de los Lógicos; otros eran fundados para albergar estudiantes de diversas nacionalidades o provincias, como el de los Irlandeses, los Manchegos, el de Aragón, el de Málaga, el de Vizcaya, el de Lugo o el de León; algunos eran fundados por la monarquía o la nobleza para educar a sus jóvenes, como el del Rey, el de los Caballeros Manriques, o el de los Verdes, y muchos más por las diferentes órdenes religiosas que atraídas por la fama de los estudios complutenses establecían aquí sus colegios, como los Jesuitas, Trinitarios, Caracciolos, Carmelitas, Basilios, las Ordenes Militares, Dominicos, Franciscanos, Agustinos, Mercedarios, Capuchinos o Cistercienses.

Esta gran cantidad de colegios asentados en la ciudad es la razón por la que la Universidad de Alcalá se convirtió en una autentica madre generadora de élites intelectuales: obispos, arzobispos, políticos, literatos, santos y científicos del Siglo de Oro están vinculados a la academia complutense bien como alumnos, o como profesores. Personajes de la talla de Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Mateo Alemán, Calderón de la Barca, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Santo Tomás de Villanueva, San Francisco Caracciolo, San Ignacio de Loyola, San José de Calasanz, Juan de Vergara, Bartolomé de Carranza, Alfonso de Valdés, Juan Ginés de Sepúlveda, el Doctor Cazalla, Antonio Pérez, Francisco de Figueroa "el divino", Alvar Gómez de Castro, Jerónimo de Zurita, Ambrosio de Morales, Hervás y Panduro, El Maestro Pedro Ciruelo, El Divino Vallés, el Gran Vesalius, Benito Arias Montano o Melchor Gaspar de Jovellanos no son más que una muestra de la extensa nómina de individuos que convirtieron a la universidad y a la ciudad complutense en el centro del Siglo de Oro español, Ciudad del Saber y Ciudad de Dios.

Por si esto no fuera suficiente, trascurría el otoño de 1547 cuando en este ambiente de saber vino al mundo en Alcalá de Henares Miguel de Cervantes, el inmortal autor del Quijote, que dio la madurez al castellano y que convirtió su obra en referente universal de las letras hispánicas. Quedando ligados de este modo y para siempre, Quijote, Siglo de Oro, Alcalá de Henares y Cervantes.

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