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La Ciudad Musulmana

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La Ciudad musulmana

"Fasta Alcalá llegó la seña de Minaya,
E desi arriba e por Guadalfajara"

Cantar del Mio Cid

La dominación islámica de la Península Ibérica arrincona a los pocos cristianos que conservan independencia en las zonas más septentrionales de la Península. Los musulmanes, nuevos señores de la práctica totalidad de la geografía hispana, requerían de un puesto fortificado en la ruta de Zaragoza a Toledo, que junto con las ciudades cercanas de mayor valor estratégico como Guadalajara o Talamanca, sirviera de apoyo a las razzias que periódicamente se dirigían contra los reinos cristianos del norte. Estas fortificaciones tenían la función de impedir el descenso de las tropas enemigas hacia el curso medio del Tajo. Constituían, pues, las dos referidas ciudades y la fortaleza de Al-Qul'aya, levantada a orillas del Henares aguas arriba de la antigua Compluto, los tres puntos estratégicos que vigilaban y defendían el territorio frente al acceso de las huestes cristianas, que intentaban descender al valle del Jarama desde los altos de Somosierra, o llegar hasta el valle del Henares desde Atienza y las zonas orientales de Castilla, y desde Zaragoza.

A principios del siglo X, el nuevo emplazamiento árabe de Alcalá no debía de ser más que una atalaya fortificada de reducidas dimensiones, a juzgar por terminología con que se la nombra en la primera noticia conocida que tenemos de Alcalá la Vieja. Según el Bayan-al Mugrib, en el año 920, reinando en Córdoba Abd-al-Rahman III, el gobernador de Guadalajara derrotó a una gran expedición de cristianos leoneses que había atravesado los puertos del Sistema Central con la intención de atacar Guadalajara. El emplazamiento que asediaron, cercano a Guadalajara, aparece reseñado como al-Qul'aya, que se puede traducir como "el castillejo". Lévi-Provençal lo identificó como la pequeña fortaleza que precedió a la que dio nombre a la ciudad actual.

Parece ser que en el transcurso del siglo X esa pequeña atalaya aumentó sus fortificaciones, acompañándose este incremento defensivo del crecimiento de su población y de una mayor importancia urbana, sobre todo, si atendemos a su nueva denominación de Qal'at Abd-al Salam, que puede traducirse como Castillo de Abd-al-Salam e incluso según algunos autores como Castillo del Príncipe de la Paz. Esta denominación aparece en las crónicas islámicas, al relatar la crisis del Califato cordobés en los primeros años del siglo XI.

Sería en el verano del año 1062 cuando Fernando I, al frente de un numeroso ejército, puso cerco a la ciudad musulmana, combatiéndola con ingenios para abrir brecha en sus muros, lo que obligó al rey Al-Ma'mun de Toledo a hacerse tributario suyo y rendirle parias para que levantase el asedio, a cambio de la entrega de grandes riquezas. Sin embargo, a pesar de la histórica conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085 y de su dominio de la comarca inmediata, la fortaleza de Alcalá la Vieja continuaría bajo el dominio musulmán hasta que en 1118 el arzobispo de Toledo, Don Bernardo, llevó sus ejércitos al importante enclave de Alcalá, en donde consiguió rendir la plaza.

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