Como un torrente las fundaciones se sucedieron a lo largo de los siglos XVI y
XVII, unos colegios se creaban para el estudio de diversas disciplinas, como los
de Teólogos de la Madre de Dios, San Jerónimo o Trilingüe,
Santa Catalina o de los Físicos, San Eugenio o de los Gramáticos,
Santa Balbina o de los Lógicos; otros eran fundados para albergar estudiantes
de diversas nacionalidades o provincias, como el de los Irlandeses, los Manchegos,
el de Aragón, el de Málaga, el de Vizcaya, el de Lugo o el de León;
algunos eran fundados por la monarquía o la nobleza para educar a sus jóvenes,
como el del Rey, el de los Caballeros Manriques, o el de los Verdes, y muchos
más por las diferentes órdenes religiosas que atraídas por
la fama de los estudios complutenses establecían aquí sus colegios,
como los Jesuitas, Trinitarios, Caracciolos, Carmelitas, Basilios, las Ordenes
Militares, Dominicos, Franciscanos, Agustinos, Mercedarios, Capuchinos o Cistercienses.
Esta gran cantidad de colegios asentados en la ciudad es la razón por la
que la Universidad de Alcalá se convirtió en una autentica madre
generadora de élites intelectuales: obispos, arzobispos, políticos,
literatos, santos y científicos del Siglo de Oro están vinculados
a la academia complutense bien como alumnos, o como profesores. Personajes de
la talla de Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Mateo Alemán, Calderón
de la Barca, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Santo Tomás
de Villanueva, San Francisco Caracciolo, San Ignacio de Loyola, San José
de Calasanz, Juan de Vergara, Bartolomé de Carranza, Alfonso de Valdés,
Juan Ginés de Sepúlveda, el Doctor Cazalla, Antonio Pérez,
Francisco de Figueroa “el divino”, Alvar Gómez de Castro, Jerónimo
de Zurita, Ambrosio de Morales, Hervás y Panduro, El Maestro Pedro Ciruelo,
El Divino Vallés, el Gran Vesalius, Benito Arias Montano o Melchor Gaspar
de Jovellanos no son más que una muestra de la extensa nómina de
individuos que convirtieron a la universidad y a la ciudad complutense en el centro
del Siglo de Oro español, Ciudad del Saber y Ciudad de Dios.
Por si esto no fuera suficiente, trascurría el otoño de 1547
cuando en este ambiente de saber vino al mundo en Alcalá de Henares Miguel
de Cervantes, el inmortal autor del Quijote, que dio la madurez al castellano
y que convirtió su obra en referente universal de las letras hispánicas.
Quedando ligados de este modo y para siempre, Quijote, Siglo de Oro, Alcalá
de Henares y Cervantes.
|