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“Antes que anocheciese salimos del mesón a la casa que nos tenían
alquilada, que estaba fiera de la Puerta de Santiago...”
Francisco de Quevedo, Historia de la vida del Buscón. Capítulo.5
El primitivo recinto de la ciudad, anterior por tanto a 1454, tenía siete
puertas y murallas que, empezando por poniente y siguiendo en sentido contrario
a las agujas del reloj, eran las siguientes: la de Madrid, por la que se accedía
a la ciudad desde el extremo Oeste; la de Santa Ana o del Postigo, próxima
a la actual plaza de la Victoria; la del Vado, situada al sur, en las proximidades
del convento de las Dominicas de Santa Catalina de Siena; la de Fernán
Falcón, emplazada al final de la calle de Santa Ursula, en el extremo
este; la de Guadalajara, al final de la calle Mayor, antes de la antigua plaza
del Mercado, que entonces estaba extramuros; la de la Judería entre la
calle Cervantes y Santiago y por último, la de Burgos, por la que se
ingresaba en la ciudad desde el extremo norte. A excepción de la de Madrid
y la de Burgos las restantes debieron modificar su emplazamiento, siempre en
la misma dirección, con la ampliación de la cerca por el arzobispo
Carrillo.
A partir de 1454, el Arzobispo Carrillo amplió la muralla de la villa
con nuevas construcciones. Este hecho viene a indicar que el solar complutense
que circundaba el primitivo recinto resultaba insuficiente a causa del desarrollo
experimentado por la ciudad: el caserío había ido limitando las
tierras de labor que quedaban en su interior.
Con la ampliación del perímetro de la muralla, cuatro de sus primitivas
puertas debieron de cambiar de emplazamiento, a la vez que hubieron de hacerse
dos nuevas. La de Santa Ana se desplazó desde su lugar de origen a la
confluencia de las calles del Postigo y de las Ánimas; la del Vado se
trasladó a la intersección de las calles de las Damas, Empecinado,
de las Siete Esquinas y de la Pescadería; la de Fernán Falcón
fue sustituida por la de los Aguadores, al final de la calle de los Colegios
y la de Guadalajara, llamada igualmente de los Mártires desde mediados
del siglo XVI, se desplazó al final de la Calle Mayor, al prolongarse
ésta. Además, fue necesario abrir la de San Julián al sur,
al final de la ciudad.
La villa medieval se agrupaba en torno al templo de los Santos Justo y Pastor,
desde las proximidades de su iglesia, única parroquia hasta 1250, partían
las diferentes vías de comunicación de la ciudad, conforme a un
claro esquema radial. Sus calles todavía conservan un esquema muy simple:
parten en forma de radios hacia la periferia, a unirse con las puertas del recinto,
desde un núcleo central, que constituye el corazón de la ciudad.
Hacia el sur, dos arterias formadas por las calles Empecinado y Tercia, salen
de los extremos de la plaza de los Santos Niños hacia la puerta del Vado.
A poniente, la del Cardenal Cisneros, y la que constituyen la calle de la Victoria
y la del Postigo, parten respectivamente hacia las puertas de Madrid y Santa
Ana. Hacia oriente, otras dos, formadas por la calle Mayor y la de Libreros,
y la de los Escritorios, de Santa Ursula y de los Colegios, se dirigen, según
dicha relación, hacia las puertas de Guadalajara y de los Aguadores.
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